Hay de mil mundos la muerte,
Y de uno la vida,
Una arritmia sinfónica para hurgar a carcajadas todo eso que dejaste –pobreza–.

Y la libertad que te fue arrebatada sin saber?

Dibuja en mi cielo el brillo de sendas lágrimas negras y resabios agridulces,
Estampame la luna como refugio ausente, lejano escudo que guía mis miradas a un mismo mundo –la miseria–.

Soy un pozo sin mas fondo que un morbo por el sempiterno suicidio de sueños, de falsas esperanzas y alabanzas.

Y como era que iluminabas mi rostro amada amante de mil mundos la muerte,
Y de uno la vida?

Nadie predice en mis manos la eterna fortuna donde la ley es esa egoísta reencarnación que en mi cuerpo habita –la soledad–.

Pintate flor de loto,
Flor de mil mundos la muerte,
Y de uno la vida,
El agua para regar mi cuerpo mortal con esa falsa miel de esperanza que en tus labios habita,
Solo hazlo hasta que me olvide en lo absoluto de tanta sangre y penumbroso éxtasis maldito,

O mandame al sol como infinitas balas que quiebren mi pecho,
Ponme a penar en cada latido de tu pecho exquisito,
Aunque me apartes con una espasmódica y certera bofetada,
La sonrisa de mi rostro,
La plenitud de mi alma,
Cuando escucho y observo como tu voz con ese absurdo encantamiento me invade,
Me transforma en un esteril inmortal.

Christian Jaimes
“Chrija"