De pronto surge el aura mística
El soneto agridulce de la tarde
Dos cuerpos que dejan caer su piel para desnudar su alma
La veo, me mira
Se llaman a sabiendas que la fusión de sus palabras es la risueña quimera de un tal vez.

Y surge el premonitorio anuncio
La muerte me besa en los labios
La vida le acaricia como uno de esos raros verso que se estrellan en una hoja tartamuda hoja de papel.

Adiós hidalga esclava de mi llama finita que se atormenta
En la eternidad de tu recuerdo.
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