Iluso quizás sea en esta hora donde el silencio obligatorio nos abruma,
pero que nos queden en ellas las ganas de no dejar de volar,
desear que solo sean nuestros ojos los que al vernos digan esas tantas cosas por las que ahogamos nuestros caprichos,
y que sea la distancia esa maldita e histérica presencia que nos lleve al mundo donde quisiéramos estar...
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