En el dia donde iba perdiéndose mi vista en el cruce finito del cielo y la tierra,
Donde el austero silencio del atardecer abrazaba mis ojos,
Entraste entre el horizonte y mi ser,
Justo en el centro de dos inciertos,
Volcaste irreductiblememte un saludo que estremecio a las soledades insipidas,
Fueron tus ojos el faro de mis manos a punto de un naufragio que me han traído hasta este rincón mas inextricable del camino,
Con suerte oigo tu voz en el delirante himno de entes que me acompañan sin estar presente,
Son por ahora tus labios el predicamento de mis libertades,
Y tu pecho el refugio tierno y pequeño donde juguetean mis latidos.