ADVERTENCIA (primer poema del libro) de Jaime Arenas Saavedra

Te advierto que debes tener mucho cuidado.
Es posible que te extravíes en mí.
Que no encuentres la salida
y las puertas de escape estén cerradas.

Sin embargo, puedes sobrevivir
si permaneces oculta en el estar
o en algún clóset, entre mis camisas,
pero jamás entres a mi lecho.

Hay que evitar que conozcas mi desnudez.
Conviene que te detengas antes de mis caricias.
No debes siquiera imaginar mis labios
o mi lengua desligando humedades.

No intentes besarme,
porque terminarás tragándome entero.
No toques mi cuerpo
si no quieres desatar tu onanismo.
No busques mi vientre o mi pecho
porque terminarás
despojada de todo control
y todas las prendas de tu ropa.

No mires mi boca entreabierta
porque puedes invocar algún orgasmo.

Pero si a pesar de toda advertencia
llegas a mi lecho, entras en él y lo posees,
te volverás adicta.
Si conoces mis manos en tu espalda
delirarás de piel, toda tu lluvia.
Y no podrás gemir una sola vez,
sino un millón de veces.

Si mi lengua te toca
se escaldará tu lucidez,
desatando todo tipo de contracturas
desconocidas.
Y rogarás que mi boca
baje por tu vientre
y se quede a vivir entre tus piernas,
para no morir en ese instante.

Si desabotonas mi pantalón
amarás mi carne y la besarás
alucinando poderes ancestrales.
Rendirás culto al dios erecto
y perderás toda tu compostura.
Beberás de él tu lujuria,
sin tregua alguna.

Si buscas mis caderas
querrás que te invada,
so riesgo de cataclismos
o de plagas medievales,
con o sin resguardo,
querrás que no detenga
la embestida de mi falo,
hasta que todo aliento
haya sido exhalado.

Por eso, lo mejor es que no me desees
no me toques, ni me mires,
no me succiones, no me saborees,
no me huelas, ni me sientas.
Lo mejor es que no te acerques
a mis manos o a mi lengua.
Lo mejor es que mi ropa me oculte
y no conozcas mi lecho.