Carta a mis miedos

Hoy quiero expresar el más fecundo rencor a vuestra existencia, sólo porque ya no se que soy capaz de sentir hacia ustedes. 

Ustedes que han sido el motor de mi andar les profeso a esta hora inmortal la peor deshonra que mi pluma no es capaz de concebir, aunque reconozco que vencerlos en ciertas etapas de mi vida ha brindado una suerte de satisfacción momentánea y también alcanzado la más inextricable confusión y el encierro en la más laberintica prisión, la insatisfacción de mi corazón.  

Reconozco además que el amor que apaticamente me profeso es producto del cobijo que he secuestrado en el seno de mis utopías creyendome uno más que los demás, evitando la corrosiva ansiedad de no salir a secundarlos con mi cobardía y empezar a repetir basta de autoflagelarme.

Si, he propagado la zoes semilla de la autodestrucción hasta la saciedad para llenar el vacío de reconocer mi fracaso haciendo de cada empresa una raya en mi largo historial de servilismo a mis semejantes, más no pretendo hacer de ello una culpa individual sino mutua sin castigo alguno, ni haciendo alarde de mi egocentrismo porque gracias a eso he aprendido a coexistir en calma con cada aventura de la cual he sido promotor o participante.  

Pero contrario a la retórica que tanto aturde a mi mente en este instante, les habré de solicitar unas vacaciones y así permitirme a erradicar el suicidio en el que estoy sumido por falta de la habilidad de pensar en un más allá, y dejar ir a una realidad lejana a mi verdad por creer diariamente que puedo lidiar con tanta hipocresía y me devasta en silencio haciéndome perder la perspectiva de algo que hasta este instante no se que es, porque he vivido aferrado a la esencia del día a día olvidandomé en lo absoluto de un futuro y una ambición personal, haciendo de mi ser un tonto y caprichoso, un sujeto absorto de esa "madurez" que ostento para ayudar a los demás y me relega a sacrificar mi propia humanidad. 

Aunque, reconozco en lo más hondo que deseo una única fortuna, la sublime libertad que dejaron tatuadas mis héroes en sus lápidas en el instante en que les echabamos tierra y sembrabamos su cuerpo en las entrañas de un portal dejandolos emprender ese fantástico viaje sin retorno del cual jamás volverán. 

Miedos que me acompañan, dejenme volar con las alas de fuego hacia el edén de mi propia alma, nunca morirán porque no deseo más que su silencio oportuno y así actuar en pro de la salvación de esas almas que me acompañan y que estoy destrozando con el puñal de mi cobardía. 

Sólo atiendan la súplica que me hago para llegar a ustedes y evitar el declive de mi ser a un punto de insalvable estabilidad.